RESEÑA HISTÓRICA DE LA PRIMITIVA HERMANDAD
El 10 de Febrero de 1952, «en virtud de las facultades concedidas por el Emno. Y Rvdmo. Sr. Cardenal Arzobispo para el tiempo de la Santa Misión», Fray Valentín Pérez Cantero, superior de dicha Misión, aprobaba las Reglas de fusión entre las Hermandades paradeñas de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de la Virgen de los Dolores titulándose entonces la Corporación: «Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Santísima Virgen de los Dolores». Se reconocía entonces de Derecho una relación que de hecho se venía produciendo desde siglos atrás.
La fecha fundacional de esta Hermandad se conoce actualmente gracias a las
investigaciones del prof. D. Álvaro Pastor Torres, hermano de esta Corporación.
Igualmente, se han descubierto, en el mismo Archivo, las Reglas fundacionales de la Hermandad de la Virgen de los Dolores, cuya creación se acordó el 24 de Abril de 1761 en la Ermita del Señor San Juan de Letrán, «atendiendo al mucho afecto que a dicha Sra. de los Dolores le tienen los de esta Villa». Esta Hermandad permaneció en la Ermita de San Juan hasta su saqueo de 1936. Posteriormente pasó a la Parroquia de San Eutropio.
En las citadas Reglas fundacionales, y en su Capítulo 13, se establecía la obligación de acompañar a las demás cofradías de la Villa: Vera-Cruz, Dulce Nombre de Jesús y Santo Entierro de Cristo (hoy desaparecidas) y Jesús Nazareno. Así fue hasta la década de los cincuenta del presente siglo, en que dejaron de procesionar las citadas hermandades para quedar en exclusiva acompañando a Jesús en su camino al Calvario con la Cruz sobre los hombros. Aunque la Hermandad de la Virgen de los Dolores no se creó hasta bien entrado al siglo XVIII, hay constancia documental del acompañamiento de la Dolorosa (también llamada de la Soledad) a la Cofradía de Jesús durante el siglo XVII. La imagen de la Virgen de los Dolores es obra anónima del siglo XVIII. Fue gravemente mutilada en Julio de 1936 y restaurada por el escultor alcalareño Manuel Cerquera.
La documentación conservada tanto en el Archivo del Arzobispado, como en el de la Hermandad, nos permite conocer la vida ininterrumpida de ambas corporaciones penitenciales. Por lo que respecta a la de Jesús Nazareno, el libro de entrada de hermanos, cabildos y cuentas conservado en el Archivo Arzobispal nos informa de la vida de la Hermandad entre 1605 y 1683. Los libros de visitas pastorales nos proporcionan datos de los años 1691, 1699, 1705 y 1715. El amplio periodo comprendido entre 1732 y 1913 se conoce gracias al libro de cuentas y cabildos que se conserva en el Archivo de la Hermandad. Por último, desde 1913 hay constancia documental –escrita y gráfica- de la vida de la Hermandad, noticias que llegan hasta nuestros días y son celosamente custodiadas para el mejor conocimiento de la secular historia de nuestra Primitiva Corporación.
En cuanto a la documentación de la Virgen de los Dolores, además de las Reglas Fundacionales (1761) se conservan otras más tardías –también en el Archivo Arzobispal- que fueron aprobabas en 1899 por el recordado Cardenal Spínola.
Breves noticias históricas de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno:
Fue fundada como señalábamos más arriba, el 25 de Marzo de 1605. Durante el siglo XVII procesionaba «el jueves Santo en la noche, a la prima». Anualmente también costeaba la predicación (Sermón) de la Pasión. Los cabildos de salida tenían lugar –y así sucederá hasta bien entrado el siglo XX- el Domingo de Ramos. Durante la procesión era acompañada por «Nuestra Señora de la Soledad con sus insignias y hermanos». También formaba parte del cortejo procesional, en paso aparte, San Juan Evangelista. Esta costumbre se mantuvo hasta 1936. Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que la primera Imagen de Jesús Nazareno data de 1611 y fue obra del escultor Antón González.
Prueba de la abundante devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno en el siglo XVII, y por consiguiente durante la pujante vida de la Corporación Penitencial, es el número de hermanos que tenía en 1657: 348 (entre hombres y mujeres). Su distribución domiciliaria por calles era la siguiente: Carmona (33), De Arahal (59), Horno Viejo (39), Antón Freire (88), Nueva (16) y Calle Real y Plaza (113).
Pasando ya a noticias del siglo XVIII podemos señalar el cambio de hora procesional que reflejan los cabildos de salida. Desde 1733 hasta 1792 se ordena «que salga el Viernes de mañana por las calles acostumbradas». Entre 1793 y 1818 podemos leer con reiteración anual «que salga como acostumbra el Viernes Santo de madrugada». A partir de 1819 se vuelve al horario antiguo en la mañana del Viernes Santo, que es el que hoy está en vigor.
En 1744 se reunieron las tres cofradías penitenciales para sufragar una nueva imagen de «Dolores y Soledad de María Santísima». En 1789 la Hermandad de Jesús Nazareno labró su capilla y camerín en la parroquial de San Eutropio que por entonces levantaba desde los cimientos el arquitecto diocesano Fernando de Rosales. En el primer tercio del siglo XX se construyó en dicha capilla, por la familia González-Varea, una cripta panteón.
La Corporación nazarena soportó los envites políticos y sociales del siglo XIX, y aunque perdió con la desamortización 2’8 hectáreas de tierra cultivable –su principal fuente de ingresos- el celo de la familia Varea permitió la subsistencia de la Cofradía y del culto a Nuestro Padre Jesús, obra que en 1904 fue restaurada por Manuel Gutiérrez-Cano. Dicha imagen se perdió en 1936, siendo sustituida a los pocos años por otra del ceramista y escultor Enrique Orce, todo ello gracias al esfuerzo de Don José Avecilla González que puso todo su empeño en continuar el legado histórico que había caído en sus manos.
Desde entonces hasta ahora, generaciones enteras de paradeños han contribuido a dar testimonio de fe cristiana al trabajar por y para la Hermandad que desde 1952 unió por siempre dos devociones de honda y secular raigambre en la Villa de Paradas.
Esta es nuestra Historia, de la cual partimos y la que queremos continuar con la adaptación a los nuevos tiempos de la Iglesia.
Extraído de las Reglas de la Hermandad aprobadas el 7 de Noviembre de 1996, páginas 1 a 4.
ACTA DEL AÑO 1912
En la villa de Paradas a 31 de Marzo de 1912, siendo Domingo de Ramos del año actual, reunidos los cofrades de Nuestro Padre Jesús Nazareno bajo la presidencia de Don Rafael Barea Díaz cura párroco de este pueblo y rector de esta santa cofradía, acompañado de Don José Avecilla González, delegado de la misma, por autorización expresa del que fue su mayordomo, Don Eduardo González Varea, y de los diputados ausentes y hermanos todos, que al efecto se habían citado; con objeto de reanimar el decaído espíritu religioso dentro de nuestra piadosa asociación ya que este empuje de fe y hecho por la causa de Dios, no podíamos llevarlo a otras esferas debido a las corrientes de impiedad predominantes en nuestros días al propio tiempo testimoniar ante la presente y futuras generaciones que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Paradas, es y será una entidad religiosa, constituida por personas, que aún vive en sus corazones ese entusiasmo y fervor que hicieron grande a nuestros mayores y que en nada ha menguado, en los que ostentan actualmente su emblema, a pesar de los embates perniciosos del modernismo filosófico de nuestra época.
Pertinente nos parece a todos el consignar datos y cosas acaecidas en nuestra hermandad desde que se iniciaron los vientos que parecía iban a desgajar y extinguir el florón más preclaro de la piedad, la fe, esa fuente purísima, ese manantial
inagotable de aguas límpidas y cristalinas, donde el cristiano sacia su sed alimentándole y fortificándole en su constante perseverancia que entrañan los misterios y sublimidades de la más grande de las religiones, de aquella que fundó el hombre Dios, el humilde Nazareno.
Desde aquellos nefastos días del siglo XVIII en que los enciclopedistas franceses lanzaron a los cuatro vientos gérmenes
de ponzoñosa filosofía, desde entonces, empiezan los embates y
campañas de impiedad contra la Iglesia, contra sus ministros y
contra sus más sacrosantos y augustos misterios; tan perniciosa
semilla hizo sus estragos en todos los estados católicos del mundo;
en nuestra patria, en nuestra España querida, la satánica
demagogia empezó a escalar y corroer los seculares cimientos de
fe y piedad que sostuvieron y ensancharon Pelayo, Cisneros y
Teresa de Jesús.
En los cincuenta años primeros del siglo XIX, dictaron los
gobiernos españoles múltiples disposiciones y promulgaron leyes
encaminadas todas a restringir y mermar el poder y derechos de
la Iglesia, de sus comunidades religiosas, de sus asociaciones
benéficas, de sus hermandades, de sus cofradías y de todo aquello
que relación tenía con su culto y esplendor; en una palabra,
le
arrebataron fincas, alhajas y cuanto de valor tenían,
satisfaciendo así la sórdida ambición del hambriento
lobo, que se
ensaña y come al inocente corderillo.
Nuestra hermandad tenía diversas fincas y todas,
absolutamente todas, quedaron entre las garras de Luzbel; este no
consiguió su objeto, por cuanto más se avivó la fe y
piedad de las
personas bajo las cuales estaba el culto a Nuestro Padre Jesús, de
Paradas; desde que la hermandad quedó sin bienes propios, se
centuplicó el culto a su venerable imagen.
El último cabildo de que tenemos conocimientos celebrara
nuestra cofradía, data de 26 de Marzo de 1826 en el que fue
nombrado mayordomo Don Juan Varea y Varea continuando
hasta nuestros días la Hermandad dentro de la familia de dicho
señor; al faltar este pasó a Don Tomás Varea Rodríguez,
por óbito
de este a Don Joaquín González Acebedo, marido de Doña
Antonia Varea Rodríquez y por defunción de estos a su hijo Don
Eduardo González Varea.
Muchas mejoras se introdujeron en todo lo relativo a
Nuestro Padre Jesús en los años que ha tenido tales mayordomos
esta piadosa asociación; en el año de 1860, se doró el
retablo que en
la parroquia tiene nuestra cofradía, obra que se hizo a expensas
del expresado Don Tomás Varea Rodríguez y de su hermana
Doña Catalina, en tiempos de estos se doró la corona del Señor.
Siendo después mayordomo el indicado Don Joaquín
González Acebedo, se doró la repisa y se compraron los
candelabros que actualmente ostenta el paso.
Al hacerse cargo de su mayordomía Don Eduardo González
Varea, entró la Hermandad en un periodo de levantado espíritu
religioso; dado el celo y piedad de este Señor fueron muchas las
personas que se inscribieron como hermanos de Nuestro Padre
Jesús Nazareno; a esta sazón, la camarera del Señor,
Srta. Dolores
González Varea, costeó para culto de Jesús un magnífico
plan de
altar de estilo gótico que se compone de una cruz, un atril, dos
sacras y seis candeleros de altar dorados; un pendón de terciopelo
morado bordado en oro y con riquísimo cordón también
de oro; en
1903 por la piedad de la expresada Señorita se construyó para
el
Señor una cruz de madera tallada, con cuatro casquetes de plata
repujada.
En 1904 se restauró la efigie del Señor, obra que fue
ejecutada por el escultor sevillano Don Manuel Gutiérrez Cano,
dispendio hecho por el mayordomo Señor González Varea y sus
devotas y piadosas hermanas.
En el mismo tiempo se hizo la túnica que hoy tiene Nuestro
Padre Jesús Nazareno; el bordado que tiene fue pasado al que
tenía la túnica antigua, gasto hecho por Don Eduardo González
y
algunos devotos.
La Hermandad ha seguido siempre las normas de su
fundación con las variantes atemperadas a las circunstancias por
que hemos ido atravesando, siempre se ha predicado el sermón de
Pasión a las tres de la mañana del Viernes Santo; enmedio del
mismo se pronuncian los pregones, el de la Oración del huerto, el
de Pilatos y por último el del Angel; a este sermón asiste todo
el
pueblo, o mejor dicho la parte más popular del mismo.
El día 24 de Abril de 1911 falleció el mayordomo Don
Eduardo González Varea; su muerte produjo hondo sentimiento en
todos los cofrades y de duelo en general en toda la población, pues
para las relevantes dotes de caballerosidad y acendrado
catolicismo, caridad inagotable y ejemplaridad en su modo de
proceder, dejó inmenso vacío en la hermandad de Jesús
y duelo en
cuantos le trataron.
Encontrándose vacante el cargo de mayordomo por el
fallecimiento del nunca bien llorado Don Eduardo González, el
señor cura Don Rafael Barea manifestó a los asistentes que creía
imprescindible sustituir a aquel por otra persona que por sus
condiciones de honradez, piedad y catolicismo pudiera
desempeñar el cargo de mayordomo; los concurrentes todos por
unanimidad, designaron a Don José Avecilla González sobrino
del
difunto, el que aceptó muy gustoso el cargo a que
inmerecidamente se le había elevado, dio las gracias a la
Hermandad, manifestando que por la misma hará todo cuanto sus
fuerzas pudieran, contando en esta ardua empresa con la
cooperación con todos los cofrades de nuestra santa y bendita
cofradía.
Acto seguido, por el nuevo mayordomo fue propuesto a la
Hermandad para el cargo de delegado suyo en los casos de
ausencia o enfermedad, al joven cofrade Don Antonio Pérez
Espejo; la Hermandad acogió con verdadero asentimiento tal
designación; este se levantó y dio las gracias a todos manifestando
el afecto que sentía a Nuestro Padre Jesús Nazareno que le
animaba para hacer por la Cofradía, más quizás que lo
que sus
fuerzas puedan, pues la fe le alienta y con ella colmará los actos
que emprendiere.
Todos cuantos gastos se vienen haciendo en la Cofradía,
absolutamente todos, son sufragados por su mayordomo, sin que se
postule por la población, sin que a nadie se le pida ni un solo
céntimo.
Por último se excita el celo de todos los cofrades para no
desmayar un momento en la fe que nos anima, asistiendo todos a
la cofradía con sus túnicas respectivas, demos una prueba de
verdadera piedad y entusiasmo religioso; y qué menos que en unas
pocas horas hagamos algo por el que en una Cruz murió,
padeciendo por las culpas y pecados nuestros.
No habiendo más asuntos que tratar, se da por terminado, lo
que yo el hermano secretario certifico.
(A continuación, aparecen las firmas de 69 hermanos, incluido
el Señor Cura párroco Don Rafael Barea.)
Transcribió:
David Florián Sanz.
Paradas, 15 de agosto de 2000. Año jubilar.
Festividad de la Gloriosa Asunción de la Santísima Virgen.